Lectura visual de un belén.
Cuando nos disponemos a ver algo inconscientemente desplazamos nuestra mirada desde la izquierda a la derecha y de arriba hacía abajo. Es una costumbre que hemos adquirido desde que empezamos a leer las primeras letras en la escuela.
Nuestra forma de ver es dar un primer golpe de vista al espacio total o plano general para luego entrar en detalles. Es por ello, que debemos plantear cómo nuestro belén será «leído» por los espectadores que se acerquen a verlo. Podemos plantear varias posibilidades:
a) Que lo más interesante esté al final de la «lectura», es decir hacía la derecha. El espectador puede quedarse con ganas de más, y como no hay más, se vaya con la sensación de que le falta algo.
b) Que lo más importante lo situemos hacía el centro, o quizá algo hacía la derecha. En este caso, el interés del espectador va creciendo hasta llegar al punto culminante y, desde él, va decreciendo el interés como buscando una tranquilidad anímica que puede resultar satisfactoria.
c) Que la escena que queremos destacar la pongamos hacía la izquierda. Al situar la escena impacto nada más comenzar a leer, desde ese punto empieza a descender el interés y es mucho el recorrido todavía, puede parecer demasiado largo para lo que aporta todo lo que queda por ver.
Si el belén tiene cierta profundidad, además de leerlo de izquierda a derecha, lo normal es que se se adopte ésta dirección con cierta distancia.
Un reputado belenista comentó una vez que «menos» es muchas veces «más». Se refería a que el belén no debe estar sobrecargado de escenas importantes o destacadas o, poner demasiados elementos («letra pequeña»). En este caso podríamos tener un belén muy farragoso. Interesa que el mensaje visual sea claro, sencillo y escueto, es decir, fácil de leer. Así nos evitaremos que haya zonas que queden por leer o que sean leídas una a una, sin la visión de conjunto necesaria.
Las escenas que queramos destacar porque las consideremos importantes, conviene espaciarlas o distanciarlas entre sí con una cierta transición para no restar importancia a ninguna de ellas.
Composición de un belén.
La composición consiste en cómo disponemos sobre un plano o plataforma toda una ambientación de un paisaje con montañas, casas, pequeños poblados, palmeras, río, muros, barrancos y otros detalles.
De alguna forma hemos de tener en cuenta no amontonar demasiadas cosas en un lado, que la visión de las escenas tengan un orden lógico y una percepción fácil, que no queden zonas de vacío y, con todo ello, sin darnos cuenta estamos «componiendo» nuestro belén.
Algunas de las diferentes formas de hacer las composiciones en el belén son:
- Buscar un equilibrio, compensación de masas o peso visual. Al montar un volumen grande o una escena con fuerte contraste lumínico, hay que buscar el EQUILIBRIO. Esto es, respecto a un eje central imaginario, una masa debe compensarse con la otra, ya que el peso visual a ambos lados, sería similar, es algo así como una balanza equilibrada.

- Equilibrio por compensación. Un volumen grande se compensa con otro volumen pequeño. Vemos el ejemplo de la montaña con las palmeras en un extremo.

- Composición en zig-zag. Este tipo de composición busca también un equilibrio que le da profundidad.

- Composición en diagonal. En la figura 1 hacemos una lectura de izquierda a derecha y de abajo a arriba, desde el punto A al B. Este trazado da la sensación de que vamos ascendiendo hacía el fondo (punto B). En cambio, en la figura 2 que también hacemos una lectura de izquierda a derecha, pero esta vez de arriba a abajo, la perspectiva nos dice que vamos descendiendo desde el punto A al B.

- Composición en escalera. Es cuando preparamos un armazón de base con forma de escalera con disposición paralela a la línea inicial de la base. Sería muy conveniente disimular los diferentes niveles con formas orográficas.

Desnivel en el belén.
Sobre el plano se puede hacer varios desniveles. Siempre se aconseja evitar los niveles planos. Los desniveles que planteemos va a depender de los efectos que busquemos. Así, podemos encontrar los diferentes desniveles.
- Decreciente hacía el fondo. Favorece la idea de lejanía, pero tiene el inconveniente que es de más difícil visión, ya que el primer plano es más elevado y el fondo está más hundido.

- Decreciente hacía la derecha o hacía la izquierda. En ambos casos habría que resolver la composición pensando en el mayor peso visual que se acumula más en un lado que en otro. Si seguimos el orden de lectura visual, parece más lógico ir subiendo el nivel conforme se va desplazando la vista hacía la izquierda.

- Creciente hacía el fondo. Favorece la visión general, es la forma menos atrevida y más convencional de resolver un paisaje.

